No sé,
si el viento me acerca y/o me aleja
de ti;
Si el frío es un indicio a
quererte
o si arrodillarme ante tu calor
me da fuerza para (sobre)vivir.
- pues tus manos me salvaron
incluso antes de que fueras a
tocarme -.
Será el anhelo de
tenerte
lo que un día me acercó
a refugiar el hielo de mi nariz en
tu aliento.
Y al besarme te llevaste
la mitad de mi,
ahora,
he venido a encontarme
dentro de ti.
Entonces fue cuando quise,
quererte,
cuando me agaché ante tu vida
- enredada entre la mía
a pasos de tortuga -
para lidiar contigo y
enamorarme de ti;
Cuando sin querer quise,
tenerte:
te adentraste en mi corazón.
- te clavaste -.
Decidiste alternarme con tus pesadillas,
fui cura de tus noches bohémicas,
clemencia ante la revelión
de tus despiadadas cosquillas.
Con las manos llenas de paz
quisiste poder
tocarme
y yo intento ser,
ahora,
aliento de tu revolución.
Si entonces fue así,
antes quise quedarme
en ti
que arrodillarme ante los pies
de otra,
- concilié el sueño en tus mejillas -;
quererte
me llevó a quedarme,
tenerte
a querer tocarte y
ser,
quise el olor de tus sonrisas.
Todo lo que tuve y tendré
atrincherado en mis pensamientos
nace de ti, y es,
- irónicamente -
amor desenfrenado.
(XI-XII-MMXII)
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